martes, 29 de mayo de 2007

Manejo de recursos hídricos desde una perspectiva de género

El uso y manejo del agua es posible a través de tecnologías originadas, empleadas y desarrolladas milenariamente, las mismas que responden al establecimiento de relaciones y construcciones sociales, expresadas en los planos normativos, simbólicos, políticos, económicos o religiosos, en el marco de relaciones equitativas e inequitativas que se dan entre varones con mujeres, entre mujeres con mujeres y entre varones con varones.
De allí que la forma como se utiliza, maneja o gestiona el recurso natural agua, de eminente raigambre social, permea y deja huellas indelebles en las relaciones y construcciones de género que se expresan en cualquier espacio social -sea rural o urbano-, a su vez, y con mayor razón, las construcciones y relaciones de género sientan de manera clara las formas como se utilizarán, manejarán y gestionarán los recursos hídricos.
Por ello, la variable género se encuentra en permanente interacción con la variable recursos hídricos, en un permanente traslape que de una u otra manera se encuentra mediado por la variable gestión social, esta última plasmada en decisiones y acciones que por una parte devienen de la escasez o abundancia de agua; y por otra parte, también es la resultante de las relaciones y pulsiones de poder que se expresan en las múltiples relaciones de género, que rebasan la relación binaria varón y mujer, en tanto que sostenemos que las feminidades y masculinidades se expresan de manera plural y heterogénea.
De otro lado, el uso y manejo, y más aún la gestión de los recursos hídricos en zonas rurales, más específicamente en el caso de microcuencas como en la que nos encontramos investigando -quebrada conformada por los ríos Castaya y Taruj Umaña en el Cantón Araca- implica no sólo la toma de decisiones y acciones a nivel familiar, sino en los niveles intracomunal e intercomunal, situación que complejiza la organización social de una comunidad en torno al agua, ya que la misma -lejos de toda postura romántica respecto a las comunidades rurales andinas- no sólo tiene que adoptar medidas destinadas a la comunidad en sí, sino que debe coordinar con otras comunidades, todas estas situadas en contextos mucho más grandes -no es el caso de estudio-, como el municipal, departamental, nacional y en otros casos incluso internacional , y en cada nivel correspondiente existen distintas construcciones y relaciones de género, que cuentan como telón de fondo no necesariamente ambientes armónicos y sosegados.
De hecho, no todos los niveles serán tratados extensivamente en la presente propuesta investigativa, máxime si se pretende estudiar hasta el espacio intercomunal2, el que sin embargo ofrece una perspectiva rica en situaciones que involucran a todas las variables ya mencionadas.

1 Postulante a Licenciatura en la Carrera de Sociología de la Universidad Mayor de San Andrés, beneficiario de la Beca del PIEB-IDRC con el proyecto "Construcciones y relaciones de género en el uso, manejo y gestión de los recursos hídricos el cantón Araca: estudio de caso de la quebrada de los ríos Castaya y Taruj Umaña"2 Por ejemplo la gestión de la cuenca endorreica del Lago Titicaca compete a la gestión binacional de Bolivia y Perú. De igual manera ocurre con el caudaloso río Amazonas que involucra a países como Ecuador, Venezuela, Colombia, Brasil, Perú y Bolivia, y del que cuya cuenca forman parte los ríos Castaya y Taruj Umaña, aunque resultaría una exageración en el momento actual hablar que las comunidades que gestionan el Castaya y Taruj Umaña tengan que acatar, proponer o transigir sobre la disposición de esos recursos hídricos con todos los países mencionados.

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